Lifestyle y mindset

Cómo superar una crisis: empieza por no quejarte

>> Analizamos cómo la queja es un mal hábito, sobre todo en tiempos de crisis.

>> Te proponemos un sistema para no caer en la queja y focalizarte en lo importante: solucionar el problema.

La queja es un mal hábito cada vez más extendido en nuestra sociedad. Algunas personas lo utilizan como un mecanismo para desfogarse, otras ni siquiera se dan cuenta cuando se quejan. En cualquier caso, como en WeHolders nos gusta tener un visión práctica de las cosas, te explicamos el sistema de Jocko Willink para eliminar reducir las veces que te quejas.

Sabemos que no te quejas y que miras el futuro con perspectiva. Si es así, te recomendamos nuestro post sobre algunas oportunidades de inversión que creemos nos traerá este 2020.

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La queja: un hábito aceptado en sociedad

Siempre me han hecho gracia los chistes de cuñados. Esas personas que saben de todo y que durante la gestión del coronavirus han tenido tiempo de convertirse en expertos epidemiólogos y creadores de políticas económico-sociales. Dejo un link a un post de ElDiario.es que me hizo mucha gracia.

Bromas aparte, un rasgo distintivo de este tipo de caracteres -y por desgracia de mucha gente- es la queja constante. Se suelen realizar análisis con un tono negativo, casi peyorativo  y condescendiente. Un tono que además no es constructivo. Sus comentarios suelen quedarse en un análisis a posteriori que poco tiene que aportar.

Si algo he visto estos días de crisis es un aumento en la cantidad y profundidad de las quejas a nuestro alrededor. Evidentemente soy consciente de que motivos hay, pero he querido escribir sobre qué es la queja y cómo podemos mejorar nuestra relación  con ella.

Ciertamente la queja se está volviendo una adicción en la sociedad. El problema es que, aunque pueda parecer que tiene un efecto terapéutico (nos quejamos y seguimos hacia delante) de poco sirve si no hacemos por arreglar el problema o adaptarnos a él. Probablemente, las quejas seguirán ahí e irán aumentando en frecuencia y amplitud, entrando en el círculo vicioso de la queja.

¿Qué es la queja?

El pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas.

William George Ward (1812-1882).

Por lo general, nos quejamos cuando la realidad no se ajusta a nuestras perspectivas o previsiones. Es decir, sufrimos un revés y las cosas no van como teníamos previsto. En cualquier caso, solemos quejarnos cuando un suceso supone un escollo o cambio sobre lo que nosotros proyectábamos que iba a pasar. Si las cosas van como se supone que deberían ir bajo nuestras premisas, raramente nos vamos a quejar. Tal y como dijo Jane Austen, “nadie se queja de tener lo que no se merece”.

Por lo general estos cambios suelen resultarnos gravosos, o como mínimo incómodos. El problema es cuando nos quejamos independientemente de la magnitud del suceso, como una respuesta automática.

Volviendo a los sucesos que pueden causar la queja podríamos catalogar tres categorías, según el tipo de shock o cambio que las provoque. Las voy a ordenar de menor a mayor nocividad:

  • Un shock fuerte inesperado (un fallecimiento, una crisis, etc.): este tipo de shocks suelen provocar un gran malestar inicial, mas por lo general solemos adaptarnos.
  • Un shock leve inesperado (avería, enfado de pareja, etc.): este tipo de shocks suelen provocar un malestar medio pero también una respuesta para solucionarlos.
  • Un shock subyacente (bloqueos emocionales, problemas personales no afrontados, falta de decisión, etc.): este tipo de shocks no lo son como tal. Se trata de problemas que por lo general pasan desapercibidos para aquellas personas que están bien en general pero en otras personas les provocan una respuesta de queja constante. Por lo general, su número aumenta conforme pasa el tiempo y no se pone solución. Pero más importante, la queja se torna en un sistema de terapia en grupo en el que la persona que se queja se desfoga con aquellas personas que están a su alrededor.

Como podrás entender, los últimos son los que son realmente preocupantes. Por lo general este tipo de personas llevan incorporada la queja de forma casi automática. El problema es que el hecho de quejarse externaliza el motivo de la queja, haciendo que no se ponga remedio a la causa real de la misma.

Sin ánimo de ahondar mucho más en este tema, ya que deberíamos introducirnos en disciplinas que no aplican en este post, lo cierto es que la no-queja se puede sistematizar. Para aquellas personas que, como un servidor, nos quejemos de vez en cuando, vamos a ver si podemos aplicar un sistema para eliminar reducir nuestra ratio de quejas/día.

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Reescribe tu diálogo interior antes de quejarte

¿Por qué me tiene ocurrir esto a mí?

¿Por qué no me salen las cosas tan bien como a mis compañeros?

Etc. Etc. Etc.

La imaginación que podemos demostrar para quejarnos es infinita. Así pues, vamos a usar esa imaginación que tenemos para convertir las quejas en enunciados positivos. La idea sería esta:

Queja --> Enunciado positivo (constructivo)

En vez de preguntarnos y hacer comentarios negativos acerca de aquello que nos sucede (y no nos gusta) lo que podemos hacer es reformular la frase empezando por un <<Bien>>. Y luego formulamos la frase.

Por ejemplo:

  • Joder, se me ha roto la lavadora, ahora tendré que llamar a mi casero para arreglarla y seguro que me pone problemas.

Lo cambiamos por un:

  • Bien, se me ha roto la lavadora. Voy a llamar a mi casero a ver qué solución me da y de paso aprovecharé para comentarle que tengo pensado colocar una nueva estantería.

Tal y como apunta Jocko Willink, “cuando las cosas están yendo mal, habrá algo bueno que sacar de eso”.

Sí, sé que el consejo no es la panacea y dista mucho de ser tan relevante como la invención de la rueda. Pero te aseguro que si lo pones en práctica todos los días puede producir cambios imperceptibles pero que lo cambien todo en el futuro.

El motivo está en el diálogo interior.

Cambia tu diálogo interior y podrás cambiar el (tu) mundo.

Somos lo que pensamos, moldeamos nuestra realidad con aquellas ideas que tenemos en nuestro día a día. Y la forma de comunicarnos con nuestras ideas es mediante nuestros diálogos (internos y externos).

Es imposible evitar que nos sucedan cosas desagradables. El mundo es así. Lo que sí podemos decidir nosotros es cómo vamos a actuar ante esas situaciones.

Desde un punto de vista práctico: ¿quejarnos soluciona algo? En mi opinión no. Es más, creo que el mero hecho de quejarse hace que malgastemos energías que podríamos estar usando para poner remedio al motivo de la queja. Por no hablar de que probablemente estemos mandando mal rollo a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Si eres capaz, realmente capaz de cambiar la forma como te comunicas contigo mismo/a cuando te sucede algo malo, tendrás más de medio camino recorrido. Tu cerebro (en global) se alimenta de tus ideas y de cómo te explicas la realidad. Todo el día desarrollamos un diálogo interior, lo que pasa es que por lo general no le hacemos caso.

No obstante, si somos capaces de tomar las riendas de nuestro diálogo interno cuando tenemos problemas de forma sistemática, al final lo acabaremos haciendo sin darnos cuenta. Y, entonces, lo que antes eran quejas pasarán a ser enunciados positivos para poder solucionar los problemas.

Quejarse es un (mal) hábito

>> Y, como tal, se puede cambiar.

Me imagino que a estas alturas ambos estaremos de acuerdo de que quejarse es malo. Y además es un hábito realmente complicado de quitar. De hecho, uno de los propósitos que trabajé en 2019 fue eliminar reducir mi número de quejas y reconozco que me ha costado muchísimo.

Pero eso no significa que no debamos seguir intentándolo. Al fin y al cabo, la vida es una evolución constante.

Hace unos meses se me juntaron varias problemas a la vez (ya lo dicen que los problemas vienen todos juntos).Tuve bastantes pérdidas en una inversión, se estropearon varias cosas en casa (lo cual suponía aún más dinero a gastar) y a nivel personal no estaba en mi mejor momento de forma.

Parecía que el universo me estaba mandando una señal que estaba siendo incapaz de entender. Pero me centré en 2 cosas:

  1. NO quejarme. Puse el foco en que mi diálogo interior fuera lo más constructivo posible. ¿Que me había salido mal una inversión? Pues, teniendo en cuenta la tasa de efectividad de mis sistemas, la siguiente debería ser ganadora. Y así con todos los problemas que tenía. Literalmente me pasé una noche hablando con mi interior, analizando por qué habían pasado las cosas y cómo las podía aprovechar.
  2. SOLUCIONAR los problemas. Como los problemas me habían afectado mayormente a nivel económico, me concentré en mejorar mis ingresos para recuperar lo perdido. Además, me concentré en mejorar mis métodos para evaluar inversiones y también aproveché para conocerme mejor.

Nos os lo vais a creer, pero dos meses después me llegó una oportunidad de inversión que hasta la fecha me está yendo genial. Y desde entonces estoy trabajando en una serie de proyectos que cada vez tienen mejor pinta, entre ellos este blog 🙂

Lo que vemos como algo malo a veces es simplemente un cambio. Y todos los cambios son oportunidades.

Por eso es tan importante que cada vez que algo vaya mal nos focalicemos en aquello que podemos sacar en positivo. De esa forma nos dejaremos de quejar simplemente porque estaremos poniendo nuestro foco en sacar provecho de esta situación.

Contra-sistematiza la queja

Lo más importante con los buenos y malos hábitos es buscar sistemas para los primeros y contra-sistemas para los segundos.

Me explico. Eliminar un mal hábito es realmente complicado, sobre todo si pretendemos hacerlo de raíz (si eres capaz genia). Personalmente lo que me funciona es buscar contra-sistemas que hagan que poco a poco vaya eliminando el mal hábito.

Retomando el hábito de la queja, el contra-sistema que propone Jocko Willink es que transformes la queja (negativa) en una oportunidad (positiva). Y, sobre todo, que lo verbalices. Puedes decirlo en voz alta o interior, pero tienes que formular la frase. Este sería el sistema:

Me gusta mucho cómo lo explica Darius Foroux en su post, el algoritmo o sistema a aplicar es el siguiente:

Cuando X ocurre (siendo X una cosa mala), haz Y (siendo Y algo bueno/útil/positivo).

Verás como pronto podrás centrarte no solo en ponerle remedio sino también en algún proyecto positivo. Y además seguro que habrás aprendido algo.

Entrénate con lo pequeño. Mídete con lo grande.

Darius también nos dice que “es fácil no quejarse con las cosas pequeñas […] el problema es que nos olvidamos sobre lo de no quejarnos jamás cuando pasan las cosas grandes. ¡Y ese es precisamente el problema!

Pero como los hábitos se hacen más fuertes cuando los mantenemos en las peores circunstancias, no debemos sucumbir. Cuando tengamos problemas graves o nos vengan todos de sopetón, debemos mantener nuestro diálogo interior en positivo en la medida de lo posible.

La crisis que estamos viviendo ahora mismo es un escenario perfecto para entrenarnos. Como todas las crisis durará más o menos, pero pasará. Y lo que nos quedará son nuestros actos y cómo la habremos afrontado. Y, por ende, el aprendizaje que hagamos durante esta situación.

En definitiva: lo que hagamos nos definirá. Así que vamos a probar de hacer grandes cosas y, sobre todo, quejarnos (todos) un poco menos.

Un abrazo.


P.D.: Si quieres hacer aprender trading, inversión, a sistematizar procesos o tienes cualquier duda/sugerencia con respecto a lo que hablamos aquí, por favor no dudes en ponerte en contacto conmigo.

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