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7 errores que cometemos los emprendedores cuando montamos nuestra primera empresa

>> Analizamos los 7 errores más comunes que cometen los emprendedores cuando montan su primera empresa y como evitarlos.

>> Analizamos mitos y verdades sobre emprender, ¿son ricos los emprendedores? ¿Cuál es el camino para hacer crecer una empresa? ¿Cuando es el mejor momento para montar una empresa?

Comencé mi camino en el emprendimiento en el 2013 (qué rápido pasa el tiempo) y he vivido de todo: éxitos, fracasos y días que simplemente trabajas para llevar a adelante tus proyectos, que son los más comunes.

Sin embargo, con el paso del tiempo he podido detectar ciertos patrones que se repiten cuando decidimos emprender y montar nuestra propia empresa. Podría decir que conocerlos ayuda a uno cometerlos, pero creo que estaría mintiendo.

Sin embargo, reconocer estos errores o patrones lo antes posible puede ayudar a que no sean letales. Y este es el objetivo de este post.

Vamos a por ello.

Opinión Real Mind Capital y Noticias

El 90% de las startups fracasan en sus primeros 5 años de vida. De estas, el 70% lo hacen durante el primer año.

Recuerdo perfectamente esta estadística puesto que cuando la oí por primera vez me pareció exagerada. Con el tiempo he podido comprobar que así es.

Ahora, la verdad es que no me sorprende. Hay tantas y tantas empresas zombies que sobreviven por la propia dinámica antiproductiva del mercado que no me sorprendería que esta estadística pudiera aumentar. Por no hablar de todos aquellos proyectos/empresas que se quedan en el camino y de los que el mercado apenas tiene conocimiento.

Emprender es duro, sin duda. Pero hay ciertas cosas en las que podemos focalizarnos para incrementar nuestras posibilidades de éxito. Bajo mi punto de vista, la primera y más importante es entender que cualquier empresa es un negocio y, como tal, debe generar ingresos.

Si quieres que tu idea sobreviva al primer año de vida tienes que empezar a entenderla como un negocio desde su concepción. Eso significa que debes hacerte la siguiente pregunta: ¿es mi idea susceptible de convertirse en un producto/servicio que genere ventas suficientes como para crecer de forma sostenida y sostenible en los próximos cinco años?

Mucho se habla hoy en día del concepto de sostenibilidad y sus implicaciones en todos los aspectos de nuestra vida diaria. Por ejemplo, en el caso de la sostenibilidad medioambiental, muchas personas son de la opinión que para conseguirla tenemos que empezar a pensar asignar costes económicos a los recursos de la naturaleza; es decir, incluir la naturaleza en el balance de ingresos/gastos de nuestra empresa, cosa con la que estoy totalmente de acuerdo.

En el mundo de las empresas que nacen a menudo perdemos de vista este concepto de sostenibilidad. En nuestro afán por no fracasar, nos olvidamos que nuestra empresa debe sobrevivir en el medio y no a costa de él. Recurrimos a préstamos, ampliaciones de capital, trabajar sin cobrar nada, etc. cuando realmente el problema sigue siendo el mismo: nuestra empresa no es sostenible por sí misma.

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Vamos a profundizar en el concepto de sostenibilidad. Bajo mi punto de vista, conseguir que una empresa sea sostenible implica combinar todos los ítems que la conforman de forma que de pueda asegurar su continuidad a lo largo del tiempo.

Y no me refiero solo al concepto de compra barato y vende caro (aunque sigue asombrándome que la gente lo aplique en todos los aspectos de su vida menos cuando compran acciones, pero de eso ya hablaremos en otro momento). Me refiero, a que el grado de sofisticación que necesita un/a emprendedor/a es elevado, sobre todo cuando se quiere montar una empresa con un cierto grado de innovación.

¿Todos los emprendedores cometen estos errores?

En mayor o menor medida creo que sí. Lo curioso es que cuanto más sofisticada es la idea de la empresa que queremos montar más caemos en estos errores cuando debería ser todo lo contrario.

Supongo que esto también tiene que ver con la experiencia ya que hay errores que se cometen una sola vez.

Emprender, como muchas otras cosas de la vida, es un viaje hacia algo que tenemos en nuestra cabeza pero que, desde muchos sentidos, aún no somos capaces expresar.

Ahora sí, vamos a verlos. AVISO: Los he cometido TODOS.


Proyectar una idea de éxito equivocada

Espero lo mejor, me preparo para lo peor y no me sorprendo por nada que esté en el medio.

Maya Angelou (1928)

Somos fruto de nuestras expectativas. Y estas nacen de todos aquellos constructos sociales, familiares y personales que paulatinamente forman la imagen social de ciertas cosas, entre ellas la idea del éxito.

A lo largo de nuestra vida vamos desarrollando una imagen de nosotros mismos en el futuro. Algunas personas prefieren centrarse en la familia; otras, rehúyen de la misma y se centran en viajar, conocer mundo, etc.

Las variables que nos llevan a tomar ciertos caminos y decisiones son tantas y tan variadas que es difícil de analizar. Pero la imagen que tenemos de lo que queremos ser –y, sobre todo, lo que no queremos- es bastante clara.

Expectativas versus realidad

E inevitablemente esto genera una serie de expectativas. Si conseguimos cumplir estas expectativas hemos tenido éxito, sino no. El problema es cuando esta imagen que queremos conseguir está amplificada y distorsionada por el relato que hemos ido interiorizando a lo largo de nuestra vida.

En el caso de emprender, a menudo se asocia con un aumento de nuestra riqueza. ¿Es posible? Por supuesto. ¿Probable? En este caso las estadísticas juegan en nuestra contra. Lo más probable cuando montemos nuestra primera empresa es que lo dejemos por el camino, que se convierta en otro proyecto totalmente diferente al que empezamos o, simplemente, que acabemos trabajando en otras cosas para pagar las facturas. En el mejor de los casos controlaremos el crecimiento, deuda y capital humano e intelectual y la empresa crecerá. Lo de hacernos ricos será, en todo caso, una consecuencia lógica (o no).

Creo que en este aspecto el quid de la cuestión está en valorar el éxito bajo varios prismas. Por ejemplo, pese a que me gusta el dinero, valoro mucho más la libertad. Poder tomar mis propias decisiones, priorizar mi trabajo en base a un criterio propio, etc. Valoro mucho el crecimiento personal que se adquiere cuando montas tu primera empresa. La de cosas que aprendes, muchas veces debido a fracasos.

El dinero, la fama y el reconocimiento son consecuencias lógicas pero no estadísticamente probables. En sintonía con la frase de Maya Angelou, la clave está en disfrutar todos aquellos aspectos menos glamurosos pero, quizás, más valiosos.


No ofrecer lo que el mercado quiere, sino lo que tú crees que quiere.

Una empresa no es una entidad independiente, sino que es un eslabón de una cadena mucho más grande como es la economía. No puedo contar las veces que me he dado cuenta que me estaba focalizando en el “qué hacer” sin enfocar bien el “por qué hacerlo”. Para resumirlo de una manera fácil:

🔶QUÉ HACER🔶

Su origen suele provenir del INTERIOR. Suele deberse a una REFLEXIÓN INTERIOR (personal o en pequeño grupo). Se detecta una habilidad propia y se intenta encajar en una necesidad del mercado para ver si podría convertirse en una empresa. Su validación pues, parte de premisas propias que probablemente aún no hemos validado en el mercado.

🔷POR QUÉ HACERLO🔷

Su origen suele provenir del EXTERIOR. Por lo general, lo detectamos no sólo gracias a la observación sino tasmbién a la prospección del mercado. Es decir, ESCUCHANDO a nuestros potenciales clientes. Lo más probable es que no vayamos muy desencaminados en lo que queremos ofrecer, pero también es muy probable que debamos hacer algunos cambios para conseguir ventas.

Está bien tener ideas y reflexionar. Pero lo más importante es que éstas tengan una salida en el mercado. Puedes fabricar el producto de mejor calidad del mundo pero si no tiene caso de uso se quedará en tu almacén.

Productos más inútiles

Céntrate en aquello que la gente consume. Mira tu competencia y pregúntate cómo puedes mejorar su producto/servicio. A veces un pequeño cambio es suficiente. Tal y como ocurre con la genética: a menudo son aquellos cambios imperceptibles los que causan mayores impactos en el mundo.

Pero no olvides que:

Si le encuentras caso de uso, puedes vender submarinos en el desierto.


No cobrar por lo que haces, pero tampoco por lo que sabes. 

Graba esto a fuego: la prueba más importante para validar tu modelo de negocio es generar un flujo de caja. Focalízate en ello.

El mercado no es tonto. Muchos emprendedores creen que tienen que “enseñar” al mercado, lo que a veces se conoce como “generar la necesidad”. Más allá de que me parece una visión egocéntrica, creo que simplifica demasiado el proceso mercantil. Me explico. Cuando alguien te compra es porque quiere. Es cierto que puede que no haya reparado en que tenía una necesidad y el hecho de que se la presentes le haga tenerla en cuenta. Pero lo que seguro que no va a hacer es pagar por algo que no necesita.

El dilema de los emprendedores

Tienes que convencerte de que lo que ofreces tiene un valor. Sea lo que sea. Y la mejor manera es cobrar por cualquier cosa que ofrezcas a un cliente. Lo que ofreces tiene un valor y, por ende, un precio. Y debes descubrir cuál es. A menudo, a los emprendedores nos cuesta cobrar por lo que hacemos porque creemos que quizás “está un poco inmaduro”, “vale más la pena el feedback que nos da el cliente que cobrarle”, “hay que pensar a largo plazo”, etc. Sí, todo eso está muy bien. Pero otra cosa que he aprendido es que hay que empezar a cobrar por lo que ofreces lo antes posible.

Lo gratis no se valora. Una vez has dado una cosa gratis, pasar a que te paguen por ello es muy complicado. Algunos modelos de negocio lo consiguen, pero suele ser a costa de un gran apalancamiento y porque su flujo de caja está diseñado para funcionar de esa manera. Si no es tu caso, empieza a generar ventas lo antes posible.

Como reflexión personal, creo que a la generación millennial –y las siguientes- se nos ha dicho que para tener una carrera profesional tenemos que empezar desde abajo, a veces incluso sin cobrar.

Puede que eso sirva para aquellas personas que quieren trabajar para otros, es decir, integrarse dentro de organizaciones ya establecidas. Sin embargo, si pretendes movilizar recursos para crear tu propia organización, no esperes demasiado en comprobar que el mercado está dispuesto a aceptarla.


No planificar a medio/largo plazo.

Sobreestimamos lo que podemos hacer en 1 año y subestimamos lo que podemos conseguir en 10.

Bill Gates (1955)

Ciertamente es complicado hacer planes a tanto tiempo vista. No obstante, si nuestros planes son montar una empresa que dure mucho tiempo debemos tener una hoja de ruta para conseguirlo.

El Equipo A Me encanta que lo planes salgan bien

No se trata de especificar paso a paso cómo vamos a llegar, puesto que sobre todo durante las primeras etapas de vida de la empresa es difícil saber cómo van a ir las cosas.

Sin embargo, sí que deberíamos establecer una hoja de ruta con unos objetivos bien marcados a 1, 2, 3, 5 y 10 años vista. Eso nos obligará a dos cosas:

  • La primera es que nos obliga a establecer objetivos sensatos a cumplir durante los 3 primeros años. Una de las cualidades más interesantes de la mente humana es la capacidad de proyectar las acciones futuras para conseguir un objetivo. Si establecemos un horizonte temporal de 10 años, lo que implícitamente haremos es poner lo complicado y menos urgente hacia el final del periodo y los más sensato, factible y necesario durante los primeros años de vida.
  • La segunda parte es que nos obliga a planificar pensando a corto, medio y largo plazo. En los mercados, la demanda representa el corto plazo y la oferta se conforma con el largo plazo. Lo que nosotros queremos que los clientes nos compren a corto plazo (que demanden nuestros productos/servicios desde el principio) y que no dejen de comprarnos a largo plazo (es decir, que no ofrezcan su dinero a nuestros competidores). Para ello, ofreceremos un producto/servicio atractivo para el hoy y con el dinero que generemos estructuraremos una organización capaz de desarrollar nuevos productos y servicios que fidelicen a nuestros clientes en el futuro.

Se trata pues, más que de una reflexión, de una manera de pensar lógica en base a un horizonte temporal. En el último error profundizamos más con respecto al tiempo.


Si quieres recibir, primero tienes que dar

Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; las más destructivas, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.» (…)

Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote (1547-1616).

Este apartado me encanta porque cada día pienso en ello. Cuando opero en el mercado de las divisas (FOREX), cada día corro el riesgo de perder. Sin embargo trato de dejar de lado ese temor porque si no opero, es decir, si no me expongo al mercado, lo que seguro que pasará que es no ganaré.

Risky Business Tom Cruise

Si quieres montar un negocio hay que invertir, arriesgarse de verdad. Cualquier inversor medio decente, invertirá antes en una empresa en la que vea que sus fundadores tienen skin in the game y están corriendo riesgos económicos, personales, etc. Para los inversores es como una póliza que asegura que los fundadores van a darlo todo.

He visto muchos proyectos morir. No por un shock, sino de inanición. Básicamente se enfrían. Si se quiere hacer crecer un negocio, hay que correr riesgos económicos (controlados) y eso pasa por invertir antes que empezar a recoger los frutos.

Fermin Trujillo A un negocio hay que echarle billetes

Hay que darle al mercado, bien sea trabajando más horas de lo normal o pidiendo un préstamo para contratar gente. En definitiva, dándole al mercado para que éste nos lo devuelva más adelante en forma de éxito. Parecerá una obviedad, pero sólo tomando riesgos financieros, económicos y personales se pueden levantar proyectos que sobresalgan de la media.

Pregúntate si estás dispuesto/a a tomar esos riesgos por tu proyecto. Si no lo estás, o bien no crees en el proyecto o no estás hecho/a para los negocios.


Emprender por necesidad

Quien invierte por necesidad, pierde por obligación.

Anónimo

Hay tanto motivos por los que no recomendaría emprender a alguien que se ha quedado sin trabajo que la lista sería enorme. Sin embargo, por deformación profesional, me voy a quedar con dos: el riesgo y el juicio.

Empecemos por el riesgo. De acuerdo con Wikipedia, el riesgo se define como la magnitud de los daños frente a una situación peligrosa. Por lo general el riesgo se mide asumiendo una determinada vulnerabilidad frente a cada tipo de peligro.

Si lo extrapolamos al trabajo podemos darnos cuenta rápidamente que el riesgo (económico) que se asume cuando emprendemos es mayor al que asumimos cuando trabajamos para otra organización, sobre todo cuando ésta tiene un amplio recorrido en el mercado.

A day in the life of an entrepreneur

A raíz de la crisis de 2008, vi a mi alrededor florecer mucha publicidad a la figura del emprendedor/a de éxito. Si bien se trataba de mensajes muy positivos, creo que a menudo se podían producir un sesgo negativo en el que se promulgaba el hecho de tomar riesgos si emprender si creías que tenías una buena idea.

El problema ocurre cuando la persona que emprende lo hacer porque se ha quedado sin trabajo. Puede que llevara años meditando sobre la idea de emprender, pero a no ser que se disponga de bastante capital y estabilidad económica, no aconsejo emprender como una forma de recuperar nuestro sustento económico principal (salario). De hecho, asumiendo la teoría del riesgo, cuanto mayor haya sido la pérdida (trabajo) menos riesgos debemos tomar. De hecho, las estadísticas avalan este hecho: la figura del emprendedor en España es alguien con 35-45 años de edad que emprende en un sector que conoce muy bien y que lo hace desde una posición holgada financiera y socialmente hablando.

Y ahí entra el segundo factor: el juicio. La necesidad puede avivar el ingenio, pero también nublar nuestro juicio. La amalgama de factores que necesitamos sopesar y poner a funcionar cuando emprendemos es muy grande como para hacerlo desde una posición de falta de juicio debido a nuestra situación. De la misma manera que hay que vender las acciones cuando mejor nos está yendo nuestra inversión, hay que emprender cuando mejor nos esté yendo nuestra carrera: la inercia nos empujará hacia el éxito.

¿Te has fijado cuándo los/as cantantes dejan su grupo? No suele ser precisamente porque el grupo vaya mal. Todo lo contrario, por lo general lo hacen en la cúspide de sus carreras. ¿Por qué? Pues porque saben que a partir de ahí lo único que queda es la bajada y la mejor manera de evitarla es, simple y llanamente, cambiando.


El factor que lo engloba todo: el timing

Algunos inversores dicen que da igual qué acciones compres siempre y cuando lo hagas en el momento correcto, por ejemplo, durante una época de crecimiento económico.

Pregúntale a cualquier humorista, jugador de tenis o chef. El timing lo es todo.

Meg Rosoff

Escoger el momento idóneo para lanzar nuestro negocio es fundamental. De hecho, algunos estudios contemplan que representa entre el 40 y el 50% de las posibilidades de éxito de las empresas que nacen. Si damos con el momento correcto de comenzar con nuestro negocio, tenemos medio camino ya hecho.

¿Te imaginas lanzar una compañía de viajes en pleno COVID-19? ¿O empezar un negocio como el de Netflix cuando en internet los vídeos iban lentos y tardaban en cargarse? Tampoco nos podemos olvidar del timing interno, ¿cuáles son los costes de abrir una clínica especializada en implantes de pelo si en tu zona apenas hay profesionales cualificados? Es realmente crucial escoger el momento idóneo para empezar tu negocio. Probablemente de ello dependerá que puedas crecer rápidamente o bien te estanques y debas recurrir a aumentos de financiación para sobrevivir.

Y aquí es donde se diferencian los emprendedores/as que tienen éxito de los demás. Son aquellas personas que tienen el olfato y la determinación necesarios para llevar a cabo sus proyectos en el momento indicado. Esa capacidad es realmente única y depende de muchos factores. Personalmente creo que está en la vibración de cada uno. En nuestra capacidad de estar alerta e interpretar las señales que nos da nuestro alrededor.

Y, cuando eso ocurra, pensar, pensar y pensar hasta que tengamos un plan que ejecutaremos sin dudarlo.

Créditos imagen de cabecera:Clark Tibbs on Unsplash

La información de este post ha sido realizada con fines exclusivamente informativos y no constituye consejo alguno de inversión ni de ningún tipo. Se desaconseja la utilización directa de los datos aquí aportados para tomar decisiones de inversión. Invertir conlleva riesgos, hágalo siempre con la asesoría de un profesional.

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